20200930

El respeto masónico durante el uso de la palabra

Silencio, reflexión, oportunidad, precisión

Mis queridos hermanos con el más fraternal de los saludos me permito presentar a vuestra consideración la plancha que he titulado, “El respeto masónico durante el uso de la palabra”. El término de “Respeto” proviene del latín “Respectus”, que es un término compuesto por “Re- y Spectrum”, que significa valorar a los demás, acatar su autoridad y considerar su dignidad. El término de “Palabra” proviene del latín “Parabola” que a su vez fue tomado del griego “parabolé”, y que significa unidad léxica constituida por un sonido o conjunto de sonidos articulados, que tienen un significado fijo y una categoría gramatical.

Así mismo y acorde con otros puntos de vista de diversos pensadores, el respeto es un valor social, que siempre se alinea con el no violentar al ser humano, ni al valor que corresponde a cada ser o cosa que existe o que tiene por sí misma;  Por otro lado el concepto de palabra según el “Diccionario Akal de la Francmasonería del autor Juan Carlos Daza”, quien nos dice que “Para los griegos la palabra significaba no solo el discurso, sino también la inteligencia, la razón y el sentido profundo de un ser, así como el pensamiento divino; Para los estoicos, la palabra es la razón inmanente en el orden del mundo”.

En nuestra orden masónica el respeto durante el uso de la palabra, consuetudinariamente se nos  ha inculcado desde que nos iniciamos como aprendices, que en este grado permanecemos en prudente silencio, para sí poder escuchar y prestar la debida atención a quien nos dirige la palabra, silencio que solo puede romper el aprendiz cuando se le autoriza explícitamente para leer un plancha de su autoría y con relación a las enseñanzas y simbología del primer grado, así mismo se nos instruye en el deber de guardar silencio mientras nuestros hermanos están en el uso de la palabra, lo que nos implica el ser plenamente tolerantes, a la vez que nos permite el comprender con más facilidad lo que escuchamos.

En nuestras Logias como masones siempre reconoceremos y aceptaremos que el uso de la palabra es un hecho de real trascendencia, que implica necesariamente que debemos siempre el mantener el silencio, hasta que el hermano que está en uso de ella finalice sus ideas, pero así mismo también conocemos que debemos siempre el solicitar previamente la palabra al Venerable Maestro, para después de su autorización, si poder dirigirnos al taller y expresar nuestras ideas con absoluta libertad, siendo cautos en el uso de ella y el evitar siempre el entrar en discusiones o discrepancias con quienes nos antecedieron y aún menos el tratar en nuestra intervención el desmentirlos a o el corregirlos, porque no es correcto no ortodoxo, y lo que si nos corresponde a nosotros hacer en caso de no compartir las ideas de nuestro antecesor en el uso de la palabra, es el exponer nuestros puntos de vista y pensamientos al respecto, para que al final cada hermano del taller en su sabiduría, determine lo que para él es verdad o que es lo correcto desde su punto de vista personal.

El sistema masónico del uso de la palabra, tiene como fin esencial, que el iniciado tenga por sana costumbre, el reflexionar antes de hacer el uso legítimo de la palabra, así como también el ser preciso en expresar con claridad lo que quiere decir, basándose plenamente en la realidad de las ideas o de los hechos, además de ser profundamente claro y respetuoso en sus expresiones, para que sus palabras no produzcan incertidumbres o malas interpretaciones, ya que si su exposición es diáfana, clara y coherente, se hará entender sin equívoco alguno, además de que es también una sana costumbre masónica el hablar en una sola oportunidad, ya que sus palabras no requieren de ninguna explicación adicional, además, permite que los demás miembros del taller participen como es su derecho, ya que no es ortodoxo el volverse intransigente al querer usar la palabra en más de un oportunidad.

Lo anterior implica que el masón siempre debería expresar sus ideas y sentimientos con absoluta sinceridad, controlando siempre los pensamientos negativos, ya que las palabras siempre dejan huella, y lo ideal en la orden masónica es el siempre ser positivos, sin olvidar lo que en la antigüedad decían los filósofos griegos, qué tanto la palabra como el silencio eran expresiones divinas, y que además de ello los hombres de bien y de buenas costumbres, siempre propenderán porque sus pensamientos siempre sean altruistas, ya que estos se convierten en palabras y estás siempre marcaran nuestros destinos, ya que las palabras pronunciadas nunca podrán ser reversadas sin dejar huellas, ya sea para el bien o para el mal. 

Por último y como una humilde recomendación, os digo que otro aspecto importante sobre el tema tratado, es que siempre que hagamos el uso masónico de la palabra, hablemos con naturalidad y pausadamente, sin alterarnos y con la magnanimidad que da la tranquilidad espiritual, así como también el saber que si estamos hablando con la verdad, nos hará ser constructores de todo y no destructores de nada.

H.·. Juan Manuel Lesmes Duque 33 
PVM.·. Logia Lumen No 14 
Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia Cartagena 
Especial para Escuela Masónica Carlos Aranza Castro

Bibliografía

Diccionario Akal de la Francmasonería – Ediciones Akal – Juan Carlos Daza – 1997.