20201004

El simbolismo del mandil masónico

La herencia de los antiguos constructores

El término o palabra mandil en la vida profana es: prenda de vestir que en ocasiones cuelga del cuello y que protege la parte delantera del cuerpo, que se ata a la cintura y que su utilidad es para no mancharse la ropa mientras se realiza un trabajo; este término proviene del árabe hispánico “Mandíl”, y este del árabe clásico “Mandil”, y este del arameo “Mandila” y este del latín “Mantile o Mantele” que significa tela de lienzo o mantel.

En nuestra orden masónica, y acorde con lo escrito en el libro “La Logia Viva” de la autoría de “Siete Maestros Masones”, 

“Se describe al mandil como la vestimenta masónica por excelencia, y que sin duda alguna fue herencia de la masonería operativa, ya que en determinados oficios el uso del mandil como el de los guantes, es fundamental por criterios de comodidad y seguridad”.

“El mandil es el distintivo por excelencia del masón, y es la prenda sin la cual no se puede, ni se debe ingresar a un templo masónico, esta prenda nos fue heredada de los antiguos constructores, quienes la usaban para protegerse en su trabajo, tanto labrando la piedra como en las demás actividades de construcción, que realizaban las cofradías masónicas de la antigüedad." 

Los autores lo definen como: “Una pieza de cuero y que constituye la barrera entre el hombre y la materia, y que sobre la caerán los golpes fallidos, o resbalones de los instrumentos con los que se trabaja la piedra, y que además protege al albañil de las esquirlas, que se producen durante el desbastado o talla de la piedra”.

En el “Diccionario Akal de la Francmasonería” del autor “Juan Carlos Daza”, se nos dice que:

“El mandil es también uno de los símbolos más destacados en la masonería, cuyo simbolismo general es el del trabajo, siendo este formado por un rectángulo y una baveta rectangular, siendo los mandiles del aprendiz y del compañero de color blanco y de piel de cordero, y el de los maestros también blanco, pero de satín y va adornado con la simbología correspondiente y con los colores de rito”. 

El color blanco en masonería simbólicamente nos da a entender como iniciados, que éste es representativo de la pureza, rectitud y honradez con la que trabajan los masones.

La blancura del mandil tiene además una relación directa con la conciencia del masón, la cual siempre debe ser pulcra, limpia y trasparente, ya que siempre el iniciado propende por actuar en forma justa acorde con las leyes del Gran Geómetra y a la vez también con la ley de los hombres, siendo consuetudinariamente un constructor, que siempre hace su labor con altruismo y con el pensamiento permanente, del hacer siempre de su trabajo lo mejor de lo mejor, teniendo siempre de presente que, en forma perenne debe ser ejemplo por su excelente compartimiento y desempeño tanto en el mundo masónico como profano, siendo el color blanco del mandil, su representación de ser íntegro y siempre preocupado por el bien general de sus congéneres y por ende de la humanidad.

Es por ello por lo que siempre los iniciados tienen claro que sus mandiles, sin importar el grado, siempre deben permanecer limpios y sin manchas, es decir que con sus correctas actuaciones en el devenir de su tránsito terrenal ya como masones, siempre propenderán por hacer el bien, con justicia y humildad, además de ser poseedores de los más altos principios éticos y morales, los cuales serán siempre su derrotero en su trasegar por esta vida.

Una de las referencias más disientes sobre el mandil, la encontramos en nuestros rituales del grado de Aprendiz, donde se nos enseñan que: “El mandil además de ser el distintivo del masón, es la prenda más antigua y honrosa, que todas las distinciones creadas por el hombre, herencia tradicional de los albañiles fundadores de la masonería”.

Finalmente como iniciados sabemos que, quienes lo portan son quienes trabajan espiritualmente, con la sencillez natural de los hombres libres y de buenas costumbres, que no se dejan impresionar por el valor del brillo dorado y ostentoso de las condecoraciones profanas, ya que el alma noble de los iniciados, es indiscutiblemente sencilla, hermosa y grande en humildad, por lo cual consideramos a nuestro mandil, como la prenda o condecoración más preciosa y valiosa que se  ha podido concebir, el cual siempre debemos portar orgullosos en todos nuestros trabajos logiales, y como nos es bien conocido, limpio y sin manchas.

H.·. Juan Manuel Lesmes Duque 33 
PVM.·. Logia Lumen No 14 
Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia Cartagena 
Especial para Escuela Masónica Carlos Aranza Castro  

Bibliografía: 

La Logia Viva – Simbolismo y Masonería – Ediciones Obelisco – Siete Maestros Masones – 2006. Diccionario Akal de la Francmasonería – Ediciones Akal – Juan Carlos Daza – 1997.