20201016

Rectificar es siempre de sabios

El inalienable derecho y el deber que tiene el ser humano de rectificar cuando se haya equivocado.

Si, siempre; y, agrego, no es solo de sabios, sino que es también inobjetable e inalienablemente el derecho de todos los seres humanos el rectificar, y no solo cuando nos hayamos equivocado y nos demos cuenta del error, sino también cuando nuestra intención haya sido voluntaria o involuntaria, obviamente sin dolo, pero si ésta tuviere incluido el dolo, también sería un derecho inalienable el reconocer la falta o el error.

Así mismo el principio de coherencia, implícitamente nos dice que si después de tomar una decisión, nos damos o caemos en cuenta de que esta no es correcta, o está en contravía de cómo debería de ser, ya sea por haber tomado la decisión sin pensar, sin mirar las consecuencias, o el haberlo hecho instintivamente y sin un razonamiento previo, las estadísticas dicen que en un cincuenta por ciento podremos acertar, pero en el otro 50%, cabe el que podríamos equivocarnos, y si nos equivocamos, lo honesto y lo pertinente es el tomar correctivos que sean necesarios, para no continuar en la falencia.

Inobjetablemente si somos conscientes del error o de la equivocación, lo ético, lo moral y lo jurídico no sería el quedarnos en el error o equivocación, ya que siempre será de caballeros, de hombres de bien y de buenas costumbres el reconocer que nos equivocamos o erramos, y por consiguiente también tendremos el derecho y el deber de corregir para así subsanar las equivocaciones y enmendar nuestras malas o equivocadas actuaciones.

También para mi es absolutamente claro que de no tener el honor, la templanza, la valentía y el coraje de reconocer nuestros desaciertos debidos a malas decisiones o apreciaciones, y como estas en alguna forma van a afectar directa o indirectamente a nuestros congéneres, así no haya sido nuestra intención, sería un error aún mayor y sus consecuencias aún más desastrosas y perjudiciales, el continuar en el error y en las afectaciones, que nuestra conducta haría en  las personas que las sufren sin tener porque hacerlo, afectación que también se verá reflejada en nosotros mismos, ya que nuestra conciencia no nos dejaría en paz hasta no haber enmendado nuestras actuaciones o decisiones incorrectas. 

El rectificar cuando nos hayamos equivocado, es para mí una de las decisiones más difíciles que se nos puedan presentar en la vida, ya que siempre seremos criticados por ella, ya que se nos podría tildar de veletas, de inseríos, de inseguros, de jugar con las circunstancias, y de otros apelativos más fuertes o disonantes. Pero para mí siempre será lo más ético  y moral, el tener la libertad, el valor, la honestidad y la fraternidad de enmendar el error o la equivocación, cuando seamos conscientes de ellos o de nuestras falencias,  y en ese respecto el corregir lo necesario afrontando las consecuencias que esto nos pueda traer, a pesar que ahora sí se está actuado como debiera de ser, y lo más honroso seria el enmendar lo indebido, haciéndolo sin ningún tipo de presión  o de obligación de ninguna clase, y menos el hacerlo por el que dirán. 

Si como por ejemplo en una empresa se tomara la decisión de cambiar el producto que se elabora o se cambia la actividad de servicios que se prestan, y si este cambio realmente no lleva a cumplir las expectativas económicas, y la venta del producto o servicio no es la calculada, y si además el proceso  contable, indica que no es rentable y que por lo tanto vamos a la quiebra, sería absurdo el mantener esa línea de producción o de prestación de servicios, ya que la afectación seria inmensa tanto en la parte económica, como en la parte social por la pérdida de puestos de trabajo, lo cual implicaría necesariamente un cambio en las decisiones, ya que de no hacerlo se iría al cierre definitivo de esta.

También en algunos momentos en el ámbito personal profano de nuestra existencia, posiblemente nos encontraremos con situaciones, que nos obligarán rectificar la decisión, en especial cuando nos topamos con personajes especiales, a quienes algunos les dicen que son los encantadores de serpientes, quienes venden una imagen de ellos mismos que no es la real, quienes tratan de demostrarnos amistades y lealtades inexistentes, pero en este caso la vida en algún momento los develará tal como son, y ante esta clase de personajes en algún momento, nos implicará que forzadamente por respeto propio, el hacer un cambio en nuestra concepción hacia ellos, como también el no continuar más con esa relación de supuesta amistad, ya que esta relación no nos conduciría a nada bueno. 

Como conclusión inicial os digo, que este tema de rectificar es muy difícil de tratar, por todos los puntos de vista que podrían ser  tenidos en  cuenta, y por todos los factores éticos y morales relacionados con él, además que claramente para mí, el rectificar es una decisión muy compleja, además de ser adicionalmente turbulenta, espinosa, tirante, abstrusa (de difícil comprensión o entendimiento), pero considero que como hombres de bien y de buenas costumbres, debemos hacerlo, porque lo correcto siempre debe primar  sobre lo incorrecto, lo ético de lo antiético y lo jurídico de lo  antijurídico, y el hacerlo con honestidad, sin miedo, ya que de  no hacerlo, haríamos más daño del que ya se hizo.

Como conclusión final os puedo decir, que siempre he considerado, que considero actualmente y que consideraré en el futuro, que si se nos demuestra en forma convincente, con una sustentación plena basada en hechos ciertos y en la verdad, que estamos en un error, siempre será más valeroso y honesto el modificar nuestra posición que morir en el error, o en la arbitrariedad, ya que al rectificar para actuar como debería de ser, no nos hará perder el respeto ni la estima de nuestros congéneres, sino por el contrario sería de aun más admiración, el tener el temple y la entereza  de rectificar, para evitar actuar en contra de la razón o de las leyes. 

 H .·. JUAN MANUEL LESMES DUQUE 33°
P .·. V .·. M .·. LOGIA LUMEN No 14
Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia Cartagena de Indias
Especial para la Escuela Masónica Carlos Aranza Castro.