20201005

Simbología de la calavera y del esqueleto en la masonería

La regeneración. La vida después de la muerte.


El símbolo de la calavera según el “Diccionario Akal de la Francmasonería” del autor Juan Carlos Daza, nos dice que “En masonería siempre encontraremos el símbolo de la calavera inicialmente en nuestro paso inicial por el cuarto de reflexiones”, en el cual el neófito cumple la prueba de la tierra, cuarto en el que simbólicamente se siembra la semilla en la tierra, actuación mística que significa que simbólica y alquímicamente conlleva a que esta muera y después de ello renazca como una nueva planta, cumpliéndose así el renacimiento de un nuevo ser, o sea el paso de profano a iniciado.

Así mismo también en este diccionario, está contemplado que “la calavera o cráneo humano, generalmente va colocado sobre dos tibias cruzadas, en forma de cruz de san Andrés, simbolizando que el espíritu tiene el predominio sobre la naturaleza”.

En nuestro cuarto de reflexiones, la calavera siempre deberá estar colocada entre otros elementos  simbólicos o alquímicos, relacionados desde la antigüedad con el proceso vital del ser humano, siendo su lugar de ubicación sobre la mesa testamentaria, en tercer lugar, ya que, por su simbología, primero debe estar el gallo, que simboliza el renacer, luego el reloj de arena que simboliza la vida en sus tres etapas, infancia, juventud, vejez, y finalmente se coloca la calavera que simboliza la muerte. 

La calavera masónicamente, simboliza también la vanidad, así como la inteligencia humana, así mismo también simboliza en profundidad filosófica, que este será el fin que tendremos todos los hacer reflexionar acerca de cómo estamos viviendo y en qué deberíamos mejorar.

La calavera forma parte trascendental del esqueleto humano. El esqueleto siempre ha sido considerado la obra más perfecta que se haya podido construir, sino que incluye la armonía que permite por sí mismo el balance de pesos y de movimientos totalmente perfectos y controlados autónomamente por la parte pensante y directiva del cuerpo humano, la cual se encuentra en la calavera dentro del órgano llamado cerebro, que es la fuente de la energía y del control de todas las actividades humanas tanto físicas como intelectuales.

Así mismo, en el cuarto de reflexiones además de la calavera colocada en la mesa testamentaria, también encontramos un esqueleto humano, que para el caso del cuarto de reflexiones de la Casa Grande de Cartagena, este se encuentra colocado en el suelo y delante de la mesa testamentaria, y como lo establecen los autores “Kabaleb y Kashiel” en su libro titulado “Masonería – El Código de la Luz”, que “El esqueleto le indica al candidato que ha de estar dispuesto  a llegar hasta la realidad última de las cosas, y posteriormente nos dice que el esqueleto es el conjunto arquitectónico  que ha sido imaginado por el Gran Arquitecto del Universo y el neófito deberá  imitarlo en sus construcciones humanas”.

Del tema anterior numerosos autores masónicos también concluyen que el esqueleto es la construcción por excelencia, y que representa en magna forma la construcción de la realidad, dejando siempre en claro que el esqueleto siempre será la base que mantendrá firme ante las inclemencias de la vida. 

El esqueleto por su construcción en sí tiene la capacidad de regeneración parcial, además de contar con gran dureza pero con flexibilidad, siendo la construcción que sostiene el cuerpo del ser humano, obviamente para ello el esqueleto es complementado con los demás tejidos y órganos anatómicos, pero en realidad  el esqueleto es en sí, una construcción perfecta, y es por eso que cada hermano y verdadero masón debe siempre el hacer del esqueleto su ejemplo, cuando vaya a emprender cualquier actividad en la vida tanto masónica y profana, para que esta sea perfecta  como lo es el esqueleto, para así no tener que retroceder en el tiempo a corregir los errores, que por falta de cuidado o de actuar incorrectamente, lo obligarán a enmendar sus equivocaciones. 

Finalmente, y en forma personal considero que tanto los símbolos de la calavera como del esqueleto, para nosotros los masones nos dicen que, además de que nuestro paso terrenal es efímero y muy corto, también nos dice que estos emblemas de muerte, además son emblemas de regeneración, que  así como en el cuarto de reflexiones se muere a la vida profana y se renace en la vida masónica, en la hora de nuestra muerte terrenal, nuestro espíritu trascenderá para la eternidad, cumpliéndose así el designio masónico de la vida después de la muerte. 
 
H.·. Juan Manuel Lesmes Duque 33 
PVM.·. Logia Lumen No 14 
Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia Cartagena 
Especial para Escuela Masónica Carlos Aranza Castro

Bibliografía: 

Diccionario Akal de la Francmasonería – Ediciones Akal – Juan Carlos Daza – 1997
Manual del aprendiz – editorial Kier – Aldo Lavagnini – 2002
Masonería – El Código de la Luz – Editorial Arkano Books – Kabaleb y Kashiel – 2007