20201215

El dilema masónico de morir para vivir

Fenecer como semilla para germinar como planta nueva

Como nos es ampliamente conocido a todos los masones, el primer paso iniciático en la orden es el hacer el ingreso a la cámara de reflexiones, lugar sepulcral y de la más alta ascendencia alquímica, en el cual el profano cumple el ciclo vital simbólico de morir a la vida profana, para posteriormente renacer trascendiendo a una nueva vida pero aun en el mundo terrenal como iniciado, esto no implica que el profano al fallecer simbólicamente, deja de ser portador de todos su vicios y falencias humanas, sino que simbólicamente se compromete como persona y hombre de honor a trabajar para erradicarlos y así potenciar sus virtudes y cualidades de buen ser humano.

El dilema masónico de morir para vivir
Photo by Timon Studler on Unsplash

Nuestra muerte simbólica a la vida profana nos impulsa internamente a buscar y a aprender a vivir a partir de nuestro renacimiento como iniciados masones y como hombres renovados, a trabajar siempre para encontrar la verdad y la verdadera luz, las cuales nos permitirán ser mejores seres humanos y así poder enfrentar en mejor forma las dificultades del mundo fenomenal y a los embates inesperados del destino, con la fortaleza, la templanza y el altruismo que debe florecer en nuestra alma masónica.

Desde un ángulo diferente, podemos analizar nuestra muerte iniciática como el proceso interior de dejar fluir y liberar de nuestra alma y ser masónico, nuestras debilidades y falencias humanas, así como a hacer los esfuerzos necesarios para controlar nuestros impulsos, para que como en la mitología el ave fénix sucumbió entre a las llamas, para posteriormente renacer de entre las cenizas, indicándonos que este es un ciclo continuo, del que siempre se debe ir de menos a más, lo cual implica que a partir del renacimiento simbólico a una nueva vida, utilizando con propiedad la brújula compensada para reiniciar la navegación terrenal, para que en este nuevo derrotero y nueva posibilidad de vida, nos proyectemos filosóficamente hacia el bien, haciéndola lo más estable posible, como también fructífera y dedicada al crecimiento personal mediante el estudio, y a trabajar para poder llegar a ser mejores en todo y con todos.

El dilema masónico de morir para vivir se resuelve sencillamente si recordamos la parábola o enseñanza de la semilla de trigo, la cual para convertirse y renacer en una nueva planta, ineludible e inevitablemente ésta debe morir, para iniciar en esa forma el cumplir con su ciclo biológico, para lo cual es fundamental el ser depositada dentro de la madre tierra, donde debe fenecer cono semilla para germinar siendo una nueva planta, la cual con el tiempo dará sus frutos y por supuesto producirá las semillas, que conllevarán al nacimiento de nuevas plantas, manteniéndose así en el ciclo vital real en el tiempo.

Este dilema masónico, es el que cumplimos inexorablemente quienes nos iniciamos en la orden, trascendiendo a ser simbólicamente nuevos seres humanos, al transmutarnos en el cuarto de reflexiones, denominado el viaje de la tierra, donde fallecemos al mundo profano, para posteriormente regresar o volver a él mediante el acto simbólico del renacimiento, pero este renacimiento en el mundo iniciático no es total en ese momento, ya que para pasar también simbólicamente de ser buenos seres humanos a ser mejores seres humanos, se requiere el deber de realizar los otros tres viajes simbólicos complementarios dentro del templo masónico.

Estos tres viajes complementarios que son los relacionados con el agua, el aire y el fuego, los cuales permiten complementar nuestro viaje al centro de la tierra en el cuarto de reflexiones, concluyendo inicialmente nuestro proceso de transformación iniciática, el cual debe perfeccionarse y complementarse con el estudio y el trabajo masónico, para así poder iniciar el interminable proceso de dominar a nuestras pasiones, instintos y falencias humanas.

Otro aspecto de importancia y de gran interés en el dilema masónico de morir para vivir, es el entender las similitudes pero no igualdades que tiene este proceso simbólico que cumplimos en cuarto de reflexiones, con el proceso natural que cumpliremos en el momento de muestra muerte terrenal en este mundo fenomenal y de la trascendencia al oriente eterno, ya que para estos dos inconmensurables y épicos viajes, los deberemos hacer incuestionablemente en la más total y plena soledad, sin llevar nada más que lo actuado en nuestros correspondientes trasegares, siendo el primero en la vida profana y el segundo ya en la vida masónica, actuaciones que están y estarán grabadas indeleblemente en nuestras conciencias, ya que todos los metales, títulos honoríficos, grados, cargos y demás asuntos mundanos y masónicos, siempre permanecerán en este mundo terrenal, ya que tanto en el primero como en el segundo, último y definitivo viaje, nos será imposible llevar ninguna clase de equipaje.

H.·. JUAN MANUEL LESMES 33°
P.·. V.·. M.·. LOGIA LUMEN No 14
Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia Cartagena
Especial para Escuela Masónica Carlos Aranza Castro