20201210

La masonería: una escuela de construcción

La palabras y las acciones de un masón siempre serán para construir, jamás para destruir.


Sin la menor duda personalmente creo que nuestra orden francmasónica, es en sí una escuela de construcción y no de destrucción, por el tener sus ancestrales orígenes en las antiguas cofradías de constructores, cofradías que no solo se dedicaban a desarrollar la labor física de la arquitectura y de la construcción, sino que también en paralelo trabajaban en el crecimiento espiritual de los masones operativos, estudiando y practicando solemnemente su mística filosofía, basada en sus leyes milenarias, como también en las leyes morales y en las leyes de los hombres civilizados. En esas primeras épocas nuestros ancestros masones, ya eran constructores, tanto de templos, pirámides, catedrales y de las demás extraordinarias construcciones, que aún se encuentran de pie como testimonio de la grandeza de sus conocimientos, en el arte de la construcción física, pero al mismo tiempo también fueron simbólicos constructores espirituales, cuya labor en este campo de la mente humana, la realizaba individualmente cada iniciado en su templo interior. 

El masón siempre construye a través de sus palabras y acciones
Photo by Randy Fath on Unsplash

El ser constructor, es el ser capaz de crear algo, ya sea originado en la genialidad de su intelecto, o el hacer o desarrollar alguna actividad nacida en la genialidad de otro ser, pero siempre el construir o crear, es el estar conectado intelectualmente con el Gran Geómetra y con el positivismo, ya sea para el realizar obras sencillas, como también descomunales, para el bien del ser humano como de su comunidad, siendo la finalidad de construir o el crear, el desarrollar una idea de algo nuevo y de utilidad, o el realizar algo positivo, con el único fin de facilitar la vida en nuestro trasegar mundano, siendo plenamente conscientes y de que el crear o construir algo, siempre será una labor dispendiosa y lenta, que requiere de un gran y constante esfuerzo, para que el resultado sea el esperado u optimo, lo cual generalmente conlleva a dedicar un gran tiempo, en su construcción, ya sea de algo físico o mental; pero por el contrario el destruir, solo puede conllevar a la utilización de un segundo, que es el tiempo necesario para el hacer un acto irreflexivo o reflexivo, para acabar con un obra física material o un ideal, siendo consuetudinario que en nuestro mundo, que el sentimiento perverso de la envidia, sentimiento que es incapaz de construir nada, conlleve a quien sea dominado por él, a destruir, lo que no será capaz jamás de hacer. 

Como verdaderos masones, siempre seremos constructores del bien en todas sus formas, tanto en obras físicas como en obras intelectuales y nunca seremos destructores, ya que un masón por ser un hombre libre y de buenas costumbres, honesto, honrado, proactivo, temperante y justo, siempre será y propenderá por el trabajar para potenciar el bien y lo correcto y nunca lo hará para hacer el mal o para destruir, ya sea una obra física y menos para destruir a un ser humano en su intelectualidad, así sea solo afectando sus sentimiento o individualidad; siendo por ello que las palabras salidas del corazón de un iniciado, siempre deberán ser pronunciadas para construir, para hacer el bien, para ayudar, para motivar, para reconocer el bien hecho por sus congéneres y para enaltecer lo bueno de la vida, así como también su palabras nunca serán utilizadas para destruir, la obra o pensamiento de un hermano o congénere, y menos para humillarlo, acallarlo o entristecerlo, ya que un verdadero masón, si no puede utilizar sus palabras para construir o hacer el bien, siempre preferirá callar, antes de argumentar o propiciar por el destruir o hacer el mal. 

Como un ejemplo sencillo de comprender el simbolismo masónico del construir o del destruir, es lo referente al sentimiento de la confianza entre dos hermanos o dos profanos, sentimiento que nace y se fortalece mediante un gran esfuerzo de comprensión y de respeto entre los dos, pero también solo se necesita de instantes para el ser destruida, al igual a como le acontece a una copa de cristal, ya que para que esta exista como tal, siempre se requerirá de un gran trabajo para el construirla, pero siempre también será fácil el destruirla, lo cual solo tomara un instante, y una vez que una copa de cristal, al igual que como también sucede con la confianza, cuando estas son destruidas o desechas, jamás podrá volverse a formar como una verdadera copa o un verdadero sentimiento, ya que el daño es tan inmenso e irreversible, que ni juntando y ni pegando la totalidad de los pedazos en los que quedo desecha, estas nunca volverán a ser las mismas. 

Mis venerables hermanos, como conclusión de lo estipulado anteriormente, puedo deciros que, en todos los tiempos, en el pasado, en el presente,  y también lo será en el futuro, los masones siempre se han destacado, se destacan y se seguirán destacando, por ser exclusivamente constructores y no como destructores, ya que si en el pasado fueron artífices y constructores de magnificas edificaciones físicas, como también de subliminales y simbólicas construcciones internas espirituales en sus templos interiores, en la actualidad y en el futuro, las construcciones masónicas simbólicas de importancia, solamente serán las dedicadas especialmente, al perfeccionamiento de los templos interiores de cada hermano, para el bien de sí mismo, de sus hermanos y de la humanidad en general, y de ninguna forma posible, un masón será un ser destructor de nada. 


H.·. JUAN MANUEL LESMES DUQUE 33° 
P .·. V .·. M .·. LOGIA LUMEN No 14
Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia Cartagena
Especial para Escuela Masónica Carlos Aranza Castro