20201211

Masones: más allá del oropel

Ni los mandiles, ni las decoraciones, ni el optar grados, nos hacen mejores masones

En el mundo profano, donde abundan los refranes populares que son parte de la sabiduría común, se tiene el que dice que “El hábito no hace al monje”, con el cual se hace una sencilla referencia a que las personas no deberían nunca juzgarse por su apariencia, sino que es de gran importancia el determinar a ciencia cierta como es cada persona de verdad, por su forma de ver la vida y de vivirla, por su comportamiento y por los valores que maneja, siendo también de importancia el saber que en la realidad “No todo lo que parece ser, lo es”, ni que “Todo lo que brilla no es oro”.

Ni los mandiles ni las decoraciones nos harán mejores masones
Photo by Tevei Renvoyé 

Este refrán popular siempre ha tenido eterna aplicabilidad en todos los campos de la vida, ya sea personal o profesional, ya que la persona que ejerce una profesión, desempeña un rol, ostenta un cargo, rango, o posición en cualquier organización humana, no solo le será suficiente el aparentar, sino que tiene obligatoriamente el demostrar quién es y cuanto sabe o domina un arte o profesión, ya que si no tiene coherencia en lo que dice que es y hace, no será reconocido por sus congéneres como él lo desearía, ya que además de saber, dominar y tener coherencia perfecta con el arte o profesión, debe saber utilizarlo, aplicarlo y demostrarlo cuando le sea requerido.

Entrando al campo masónico, ni el mandil ni las decoraciones, ni el optar grados nos hacen mejores masones, ya que un mandil por hermoso que sea y que a pesar de ser blanco y de continuar siendo blanco, no implica que quien lo porte sea realmente un masón, solamente porque fue investido con él al término de su iniciación, o de un otorgamiento de grado superior, ya que en ese momento, el iniciado desconoce totalmente el grado, ya que el conocimiento de éste no es instantáneo ni se adquiere asistiendo presencialmente a su ceremonia, ya que las ceremonias de otorgamiento de cualquier grado masónico, por perfectas que estas sean, éstas no conllevan a que el hermano que participo en ellas y recibió el grado, domine el arte y la sabiduría de éste, ya que para conocer el grado y dominarlo se requiere de un profundo estudio.

Con el paso del tiempo y cada masón por sí solo, a su propio ritmo y con su esfuerzo personal y guiado por los maestros de su logia, y después de un tiempo prudencial, podrá decir orgullosamente que ya domina y ejerce su grado, porque lo conoce, lo práctica idóneamente y lo demuestra presentando trabajos sobre su simbología y filosofía o cuando diserta con propiedad sobre temas masónicos, lo cual solo se consigue con la asistencia permanente a los trabajos, complementado con su esfuerzo académico para lograr comprenderlo a cabalidad, ya que el solo asistir de vez en cuando y el no presentar ningún trabajo o solo hacerlo como algo extraordinario y fuera de lo normal, no lo conllevará nunca a poder afirmar que como iniciado, que el sí es un masón y que sí conoce y domina su grado.

Así mismo aquel iniciado que por sus recursos luzca el mejor pin, la mejor corbata con símbolos masónicos, o el mandil y demás arreos masónicos majestuosamente decorados, pero que desconoce su grado, no será jamás un masón verdadero, y podría entrar a ser casi un impostor, que a pesar de haber sido participe en diferentes ceremonias tanto de iniciación como de otorgamiento de grado, pero que cuando realmente se ve forzado por circunstancias masónicas en su taller o en sus trabajos logiales, no tiene la capacidad de presentar su concepción sobre asuntos masónicos, de discernir o comprender cualquier aspecto ritual o de sabiduría masónica, ni poder explicar los conocimientos sobre la orden, y que por no asistir casi nunca a los trabajos logiales así utilice miles de disculpas, cualesquiera que ellas sean.

Con el trascurrir inevitable del tiempo tanto él como sus hermanos, se darán cuenta que su vida masónica y sus grados solo fueron una utopía, ya que nunca los estudio, ni entendió, ni comprendió y a un menos supo vivirlos, ya que solo se dedicó a lucir exorbitantes decoraciones y joyas masónicas, pero con el alma totalmente profana, y que a pesar de llevar no sé cuántos años en la orden masónica, cuando hace uso de la palabra, solo lo hace para quejarse, para controvertir, para crear dudas que conlleven a la incertidumbre y al caos, a tratar solo temas profanos, o a adular a sus hermanos para salir del paso o para conseguir alguna prebenda, lo cual lo conlleva a ser un masón de tiempo perdido o a quien el mandil le quedo grande. Finalmente, y como única conclusión, solo os puedo decir que el título de esta plancha, si es en verdad cierto, ya que ni los mandiles, ni las decoraciones, ni el optar grados no hacen o harán mejores masones

H.·. JUAN MANUEL LESMES 33°
P.·. V.·. M.·. LOGIA LUMEN No 14
Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia Cartagena
Escuela Masónica Carlos Aranza Castro