20210106

¿Qué es la tolerancia para el masón?

La tolerancia es la consecuencia del ejercicio del respeto

El término de “Tolerancia” proviene del término del latín “Tolerantĭa”, y que hace referencia a la capacidad o habilidad genérica que tiene una persona de soportar, aguantar o aceptar. El término de “Intolerancia” proviene del término del latín “Intolerantĭa”, y que hace referencia a la capacidad o habilidad genérica que tiene una persona para no soportar, aguantar o aceptar. 

La tolerancia como tal se basa en el respeto hacia el otro, a lo que es diferente, y que puede también manifestarse como un acto de ceder o de ser condescendiente o comprensivo sobre algo o sobre alguien, y la intolerancia puede interpretarse como el acto de o la capacidad de una persona de ser intransigente, con las opiniones de otras o del comportamiento de estas.
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La tolerancia como tal se basa en el respeto hacia el otro, a lo que es diferente, y que puede también manifestarse como un acto de ceder o de ser condescendiente o comprensivo sobre algo o sobre alguien, y la intolerancia puede interpretarse como el acto de o la capacidad de una persona de ser intransigente, con las opiniones de otras o del comportamiento de estas. 

Tolerancia se refiere a la acción y efecto de tolerar y como tal la tolerancia se basa en el respeto hacia el otro o a lo que es diferente de lo propio, y puede manifestarse como un acto de indulgencia ante algo que no se quiere o no se puede impedir, o como el hecho de soportar o aguantar a alguien o a algo. 

En nuestra orden masónica consuetudinariamente se ha entendido como tolerancia a la actitud o el valor moral del masón de respetar en forma íntegra a sus hermanos, tanto en las concepciones, las ideas y las actitudes de sus pares, así estas no coincidan con las propias. 

El verdadero iniciado, tanto por su formación profana como en especial de la masónica, aprende en el tiempo el real manejo de la tolerancia, actuando en sus relaciones interpersonales ya sea con sus hermanos o con sus congéneres con respeto, con comprensión, con flexibilidad, con paciencia, con indulgencia, pero siempre entre los límites de la ética, del deber ser, de la decencia, de la objetividad y de las diferencias bien entendidas. 

Con relación a la intolerancia, nuestra orden masónica siempre la ha considerado y considera como una gran falencia humana, y aún más cuando esta conlleva a la intransigencia, a la terquedad, a la obstinación, a la incomprensión y a otras actitudes negativas y aún más cuando estas son impulsivas y no razonadas. 

Si entramos a analizar las diferencias entre tolerancia e intolerancia, tanto masónica como profanamente, la mejor forma de determinar sus reales diferencias, es posible haciendo la comparación con el uso de la penicilina en él ser humano, ya que esta utilizada en las proporciones correctas y debidas, salva la vida humana porque contrarresta la infección y a las bacterias que la producen, pero en caso de que la dosis aplicada sea excesiva, en vez de curar al paciente, lo podrían llevar irremediablemente por el sobreuso de esta, a fenecer o a dejarlo con grandes limitaciones por las contraindicaciones en la cantidad aplicada de este tipo de medicamentos. 

Si hacemos la comparación entre lo escrito en el párrafo anterior y las diferencias entre la tolerancia e intolerancia tanto en la masonería como en la vida profana, tenemos sin la menor duda la certeza de que debemos ser tolerantes con nuestros hermanos y congéneres, pero en las debidas proporciones, siendo correctos y honestos en cómo este sentimiento o actitud debe de ser, ya que lo ortodoxo y correcto es respetar las ideas que no compartamos o las actitudes personales que nos sean incomodas.

Cuando tanto las ideas como las actitudes personales de nuestros hermanos y congéneres superan los linderos del respeto, de la ética, de la moral y del deber ser, la tolerancia masónica deja de ser una virtud, para convertirse en una falencia que nos conlleva a ser cómplices de lo que no debe ser, ya que nuestra condescendencia se convierte en debilidad y en permisividad de permitir o soportar lo que no es, o lo que no debe de ser, ya que de hacerlo o de permitirlo seremos partícipes o impulsadores de la intolerancia, la cual al final va a afectarnos a nosotros mismos y a nuestros hermanos. 

Generalmente el hombre intolerante siempre se considera superior a los demás, y solo acepta las cosas y las situaciones como el cree que deben ser, además de que la única verdad es la de él, y que tanto sus hermanos y congéneres deben actuar acorde a sus pensamientos e ideas, y de no hacerlo según él, los intolerantes serán sus hermanos y congéneres.

Como conclusión a mi análisis os puedo decir que sí debemos ser tolerantes con nuestros hermanos y congéneres, pero en la debida proporción, ya que, al aceptar la intolerancia por parte de ellos, seremos también irremediablemente intolerantes y por ende faltaremos inconscientemente en forma culposa a nuestros principios y postulados masónicos de libertad, igualdad y fraternidad. 

Los verdaderos masones de todos los tiempos siempre han determinado y determinarán que la tolerancia mal entendida o la intolerancia como tal, siempre conllevarán a la desunión y al caos en nuestra orden masónica, ya que ella se cimenta y tiene entre sus bases principales e inmodificables, en el respeto por todo y por todos, lógicamente en las debidas y justas proporciones.

H .·. JUAN MANUEL LESMES DUQUE 33°
P .·. V .·. M .·. LOGIA LUMEN No 14
Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia Cartagena
Especial para Escuela Masónica Carlos Aranza Castro