20210308

Sobre la actitud del aprendiz masón

 ...en la Logia se elevan templos a la virtud y se cavan sepulcros a los vicios.

La tercera acepción del Diccionario de la Real Academia Española define actitud como “Disposición de ánimo manifestada de algún modo”. Para el Instituto Científico y Tecnológico de la Universidad de Navarra, la actitud consiste en la “Disposición psíquica, relativamente estable, que predispone al individuo a reaccionar (pensar, sentir y actuar) de un determinado modo ante el ambiente (objetos, personas, hechos y situaciones). Las actitudes se consideran elementos básicos de la ‘personalidad profunda’, que comprometen todas las dimensiones fundamentales del sujeto: cognitivas, afectivas y conductuales… Cumplen también funciones motivacionales (por su dimensión que promueve la ruptura de la indiferencia); funciones orientativas (en cuanto facilitan la emergencia de la respuesta adecuada) y funciones estabilizadoras (conforman consistencias y rasgos de personalidad)” (Espasa Calpe, 2001).

La correcta actitud de un aprendiz masón debe ser en esencia de disposición hacia la búsqueda de la verdad mediante el pensamiento.
Photo by Annie Spratt 

Desde un punto de vista psicológico, las actitudes son estados motivacionales que representan la experiencia del individuo; implican, por tanto, estados mentales prospectivos. Las actitudes personifican la complejidad humana y de ellas puede decirse que equivalen a la forma en que nos proyectamos hacia el medio y nos concebimos a nosotros mismos. La actitud es un reflejo de la personalidad, en tanto se refieren a la forma en que emprendemos las tareas que nos depara la existencia.

Por otra parte, la manera en que muchas veces nos referimos a la actitud, proporciona una idea bastante distorsionada de lo que este concepto verdaderamente representa. Por lo general se alude a la actitud y se invita a los cambios de esta como si se tratara de características externas y fácilmente manipulables. Pretender que la actitud de un ser humano es algo superficial, y modificable sin esfuerzo, sería caer en una simplificación excesiva.

La actitud de un individuo obedece a una serie de elementos complejos y variados, entre los que se incluyen su estructura temperamental y el desarrollo de su carácter, su estado de ánimo predominante, su autoimagen, su visión del mundo, su grado de madurez emocional e intelectual, su contexto sociocultural y su carga genética, entre otros.

Es fácilmente deducible que un verdadero cambio de actitud ante la vida, para bien, claro está, dependerá también de una serie de variables entre las que se cuentan, además de las expresadas en el anterior párrafo, el deseo de obtener un cambio personal, basado redundantemente en una adecuada disposición de ánimo (expresada de manera oportuna en la definición que hace la RAE del concepto de actitud) y, sobre todo, en una verdadera motivación. Un cambio sostenido de actitud ante nosotros mismos y ante el mundo implica también poseer la capacidad para manejar las frustraciones y para perseverar en el intento y en el camino hacia la meta, además de proceder mediante auto observación y firmeza, y con la suficiente claridad que permita identificar con precisión las metas que deseamos alcanzar en cada área y cada momento vital.

Basta con abrir El libro del aprendiz de Oswald Wirth para encontrar en el saludo a los nuevos iniciados elementos claves que hacen parte de la esencia de la actitud que debe asumir el recién admitido en la masonería.

En efecto, Wirth nos dice que “Al iniciarnos la Francmasonería ha querido hacer de vosotros hombres escogidos, sabios o pensadores, elevándoos por sobre la masa de los seres que en nada piensan… Es por sus facultades intelectuales que el hombre se distingue del bruto. El pensamiento lo vuelve libre, y le da el imperio del mundo. Pensar es reinar… Este Arte, llamado el Gran Arte, el Arte Real o el Arte por excelencia, le corresponde a la Francmasonería el hacerlo revivir entre nosotros”.

Anota Wirth que “El pensador no es el hombre que sabe mucho. No debe tener la memoria sobrecargada de recuerdos embarazosos. Es un espíritu libre, que no tiene necesidad ni de catequizar ni de adoctrinar. El pensador se forma por sí solo, es hijo de sus obras. La Francmasonería lo sabe, y evita inculcarle dogmas… La Masonería no solo se limita a ponerlo en guardia contra los errores (el error), sino que además se afana en que cada uno busque la Verdad, la Justicia y la Belleza. La Francmasonería repudia la fraseología y las fórmulas, con las cuales los espíritus vulgares se enseñorean para engalanarse de todos los oropeles de un falso saber. Quiere obligar a sus adeptos a pensar y da, en consecuencia, su enseñanza bajo el velo de las alegorías y de los símbolos. Invita, asimismo, a reflexionar a fin de que se apliquen a comprender y a descubrir”. Nos enseña Wirth que en la Logia se elevan templos a la virtud y se cavan sepulcros a los vicios. Así mismo, nos invita a la introspección: “El aprendiz debe averiguar de dónde venimos”

Podemos hasta este punto apreciar que la actitud del aprendiz masón debe estar determinada por los siguientes rasgos: 

  • Orientación hacia la sabiduría y hacia el pensamiento
  • Búsqueda de la libertad que le darán los anteriores
  • Seguimiento de la verdad, la justicia y la belleza, esta última referida al pensamiento y a los actos y a la armonía que debe reinar en la existencia 
  •  Huida de la vulgaridad representada en falsos valores
  • Reflexión e introspección
  • Comprensión del mundo y de sí mismo; en otras palabras, conocimiento 
  •  Descubrimiento de lo mejor que se esconde en los potenciales humanos

En el mismo texto, bajo el título Deberes del aprendiz masón, Oswald Wirth nos enseña que el aprendiz masón tiene “como primer deber el de meditar las enseñanzas del Ritual a fin de proceder en conformidad a ellas. Este es su deber por excelencia, su solo deber que abarca todos los demás. Pero un principiante necesita prescripciones más precisas, que consisten en callar ante los profanos, buscar la Verdad, querer la Justicia, amar a sus hermanos y someterse a la Ley”.

Bajo el mismo título Oswald Wirth nos muestra, además, el valor de la virtud de la tolerancia y nos indica que “seamos indulgentes y no pidamos a los demás que vean las cosas como nosotros mismos”. También señala la investigación de la Verdad mediante el cultivo del arte del Pensamiento, la sensibilidad hacia el mundo, la fraternidad y, como se ha mencionado, el respeto a la Ley.

En resumen, podemos decir que la correcta actitud de un aprendiz masón debe ser en esencia de disposición hacia la búsqueda de la verdad mediante el pensamiento. Así, el aprendiz masón debe orientarse, a través de la ruta del conocimiento de sí mismo y del mundo, hacia el logro de la justicia y la belleza en los actos humanos, de los que deberá ser ejemplo. Lo anterior se convertirá en parte de su esencia personal.

Sin embargo, en relación con los conceptos anteriores y con lo expresado al discutir sobre el concepto de actitud, puede adivinarse que la tarea va más allá de lo visible e implica la puesta en uso de una serie de herramientas como el amor, la observación, la reflexión, el silencio, la disposición de aprender, fortaleza, fe, esperanza, sentido del humor, altruismo, tolerancia, respeto, confianza y humildad.

No sobra decir que la actitud del aprendiz masón deberá también caracterizarse por el rechazo activo a debilidades humanas aparentemente disímiles que van desde la vanidad, la soberbia, el orgullo y el egoísmo, hasta la pereza, la apatía y la pobreza de espíritu.  Por supuesto, también deberemos renunciar a emociones como la ira, el miedo, la inseguridad, la desconfianza, la angustia y el desespero.

 En conclusión, la actitud del aprendiz masón habrá de incorporarse en una forma de vida dirigida a la virtud.

 En síntesis, la meta es la luz. Esto es lo que hemos venido a buscar.

H.·. ALEX GONZALEZ GRAU
Resp.·. y Ben.·. Logia Madre de Colombia Hospitalidad Granadina N° 1
DGM.·. Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia Cartagena
Especial para Escuela Masónica Carlos Aranza Castro