20210607

Los masones como agentes positivos de cambio

El rol de las logias en el desarrollo social y económico del territorio

Si hay algo que nos exponen como premisa básica, es que los Masones debemos aportar (en todas las formas posibles) al bien común, ayudar al prójimo y fomentar el altruismo. Si entramos en lo formal del caso, nos vamos a la definición de altruismo en el diccionario de lengua española de la Real Academia Española (RAE) y nos dice que es la diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio.

Si seguimos ahondando, encontramos algunas posturas interesantes del tema, que no se excluyen, sino más bien se complementan (www.cognifit.com):

Según la biología, no es la agresión sino el altruismo el que está programado en el genoma humano. Nacemos programados para ayudar al otro.

Para la sociología, la empatía juega un papel fundamental para ser altruistas. La habilidad de conectarse con otra persona; entender y sentir lo que otros sienten.

Desde el punto de vista evolutivo, se considera que vamos a tener mayor motivación de apoyar a las personas que tienen parentesco con nosotros y a aquellas que sin ser parientes, mantienen con nosotros relaciones íntimas y de apego.

El rol de las logias masónicas en el desarrollo del territorio
Photo by Tim Marshall on Unsplash

La psicología social, por su lado, también plantea algunas hipótesis que nos dicen por ejemplo, que el altruismo obedece a una motivación egoísta, ya que la persona decide actuar para recibir recompensas o reconocimientos simbólicos (prestigio, aceptación social, autoimagen, entre otros).

Lo que sí es cierto, es que en un mundo con tantas necesidades, desigualdad e inequidad, lo que más se requiere, son personas con ganas de aportar a la solución de los problemas, sin embargo, la mayoría de las veces, lo hacemos sin que haya detrás un propósito mayor al de la ayuda inmediata (o mejor aún, mediática) y desconociendo también algunas cuestiones, por ejemplo: ¿estoy abordando una necesidad real, la conocemos a fondo?, ¿ésta era la verdadera ayuda que aquella persona o personas necesitaban?, o ¿le aporto con mi ayuda al crecimiento de esa persona o personas?.

Además, hay más preguntas para hacernos desde nuestro rol de ayudadores: ¿por qué nos inclinamos más hacia unos temas?, ¿lo hacemos sin ningún tipo de interés? o ¿lo hacemos de manera sistemática o por lo menos periódica?, etc.

La realidad es que son preguntas difíciles de responder con exactitud. Como me decía un profesor universitario que tuve: en la vida todo depende. Para este caso, depende del contexto; de lo grande o de la naturaleza de la necesidad; si es coyuntural (una persona que tiene hoy una necesidad puntual que con ayuda la resuelve y sale de esa situación) o si es estructural (no basta con una ayuda específica en un momento determinado, si no, que el apoyo debe implicar un proceso; requiere de mayores esfuerzos, mayores recursos y por lo general de más tiempo para poder ver los resultados).

Dicho todo esto, lo que hoy vengo a plantear supone un ejercicio de análisis. Primero, desde lo personal, como individuo libre que decide o no, apoyar en un momento determinado una causa determinada, y segundo, implica la necesidad de revisar el tema desde la perspectiva de grupo organizado como logia.

Como individuos es decisión de cada quien hacer su trabajo altruista y filantrópico como mejor le parezca, pero como parte de nuestra loable institución, podríamos hacer un trabajo excepcional en cuanto a responsabilidad social. Para lo anterior lo primero que debemos asimilar es que siendo parte de una institución debidamente formalizada, histórica en su labor benéfica, con estructura, pero sobre todo con capacidades personales importantes, nos convoca un ejercicio estratégico de planeación, que proponga una ruta propia de responsabilidad social corporativa (formal o informal), pero que esté muy bien definida.

Para materializar una iniciativa de este nivel, se deben tener en cuenta dos temas principalmente: 1) la identificación de la población sujeto de apoyo y 2) la identificación del tipo de apoyo que queremos brindar. Lo explico aquí:

1. Identificación de la población sujeto de apoyo: como individuos, apoyamos muchas veces a un adulto mayor que conocemos, a personas enfermas, al migrante que se acercó a la casa, a una iniciativa de amigos que atiende a madres cabeza de hogar, etc. Como organización, en cambio, se hace necesario identificar y atender a grupos poblacionales específicos, ya que esto permitirá, entre otras cosas:

  • Crear programas o proyectos más pertinentes, ya que se tiene información más precisa: número de personas con necesidades reales, estadísticas para tomar decisiones, ubicación geográfica, alianzas con entidades que trabajen con esa misma población, etc.
  • Optimizar y priorizar los recursos, pues siempre serán mayores las necesidades que los apoyos disponibles.
  • Medir el impacto de la labor realizada como institución: evaluación de lo que funciona y no funciona, seguimiento al trabajo y ajustes a los planes, etc.

Dentro de los grupos poblacionales en situación de vulnerabilidad, que normalmente se atienden, se encuentran: primera infancia, jóvenes en riesgo, adultos mayores, víctimas del conflicto, migrantes, campesinos, población indígena, habitantes de calle, población afro, mujeres víctimas de violencia, personas con discapacidad, madres cabeza de hogar y personas privadas de la libertad, entre otros.

Adicionalmente se identifican y escogen grupos poblacionales según actividad económica, ocupación o rol actual que posean: estudiantes, desempleados o emprendedores y microempresarios de la base de la pirámide, entre otros.

Ejemplo: Programa de atención a mujeres emprendedoras, que sean madres cabeza de hogar (tipo de población) y que tengan un negocio en sus viviendas (actividad o rol).

2. Identificación del tipo de apoyo: son dos las líneas de acción que se identifican y cada institución establece la que quiera (o ambas):

  • Por un lado encontramos las ayudas para mitigar una situación en el momento, esto es lo que se denomina enfoque asistencial; acciones que son de mucha ayuda en tiempos de crisis (coyuntura) pero que no generan desarrollo ni impactan a mediano ni largo plazo, ni a las personas ni al territorio.

Ejemplo: entrega de mercados, entrega de medicinas, bonos para transporte, bonos para ropa o uniformes, una beca, entre otros.

  • Por otra parte, se encuentran los procesos para la generación de capacidades, los cuales son de más largo alcance, pero además implican el desarrollo de habilidades y competencias en la población atendida y por ende los propone como agentes de su propio cambio. Aquí estamos atacando un tema más estructural, aportando al crecimiento de la persona y por allí derecho, del territorio.

Ejemplo 1: Programa aprende y emprende, dirigido a la financiación de negocios de emprendedores de la base – señores con chazas u otro negocio en el centro histórico, madres cabeza de hogar con misceláneas, tiendas u otros negocios en sus propias casas, etc.

Ejemplo 2: Programa fórmate y empléate, dirigido a otorgar becas a jóvenes en riesgo, para estudios en competencias específicas que permitan la vinculación laboral de las personas a corto plazo.

Nota importante: esta segunda línea de acción (generación de capacidades) implica el diseño de una ruta y una metodología que permitan que las personas accedan a los beneficios, atendiendo a un proceso previo y organizado, donde debe haber una corresponsabilidad por parte de ellas, normalmente representada en su esmero, compromiso y actitud.

Habiéndome detenido tanto, en estos dos temas de arriba, ahora se hace necesario abordar el componente de apalancamiento para hacer realidad un proceso así (recursos económicos). Este punto no es menos importante, al contrario, sin el recurso económico no se hace nada; sin embargo, también está comprobado que acciones o actividades con suficientes recursos, pero sin norte y sin criterios, sí que menos impactan y se vuelven más bien, una forma inapropiada de atención (lo que se conoce hoy, como acción con daños), pues lo que se está incentivando con esto, es el asistencialismo y paternalismo (formas de atención muy arraigadas en países como el nuestro).

En este sentido, siempre que se habla de procesos de apoyo a comunidades, ligados a invertir en la gente para que crezca, avance y después ayude a otros (círculo virtuoso), se debe primero comenzar por lo planteado en los dos puntos de arriba, es decir, diseñar la ruta (lo que se denomina alcance), para que esta arroje la necesidad de recursos para llevarla a cabo.

Ya en este punto de lo económico, existen diferentes alternativas de financiación que pueden ser útiles en cualquier institución y que van desde aportes mínimos fijos (cuotas de apoyo comunitario), designación de un porcentaje de las cuotas de sostenimiento, gestión de alianzas y/o desarrollo de campañas: sistema de bonos, actividades sociales, lúdicas y de entretenimiento, producción y venta de suvenires, postulación de proyectos a cooperantes, entre otras alternativas.

Por último, es importante resaltar que este tipo de propuestas se pueden realizar sin la exposición mediática; la que por naturaleza evitamos asumir. En otras palabras, no va en contravía tener una estructura clara de filantropía con nuestro desinterés de figurar.

Me despido, reiterando que no debemos perder nunca de vista, que así como nos valemos de nuestro rol, para nuestro crecimiento y todo aquello para lo que nos sirve estar aquí, se hace imperativo en nombre de nuestra respetada institución, dejar una huella firme y contundente en todo lo que emprendamos; acciones que nos proyectan como una institución relevante en nuestro territorio, tal como históricamente lo han hecho nuestros hermanos; un grupo de hombres valientes y comprometidos con las causas que han hecho el cambio y han marcado la diferencia a lo largo de los tiempos.

Jorge Mario Alandete Leones, Ap.·. M.·.
Resp.·. y Ben.·. Log.·. Colombia No. 61
Serenísima Gan Logia Nacional de Colombia Cartagena
Especial para Escuela Masónica Carlos Aranza Castro