20220424

El Óctuple Noble Sendero y la orden masónica

Muchas son las laderas hacia la cima de la montaña, pero la cima es sólo una. Adagio.

Ramiro A. Calle expresa en su libro Grandes sendas espirituales que, “Hay muchas enseñanzas espirituales y métodos, pero todos ellos son mapas hacia una región especial de la conciencia donde cesan las preguntas y comienzan a darse las respuestas y de modo especial va surgiendo un sentimiento profundo de sosiego asociado a las cualidades de lucidez y compasión”.

Lo anterior se aplica claramente a la francmasonería. Además de que per se busca la verdad yendo a lo más profundo y esencial de la conciencia individual, existe una vasta colección de fuentes de pensamiento que nutren nuestros augustos misterios, y que abarcan desde antiguas enseñanzas bíblicas y elementos de culturas orientales hasta llegar al pensamiento contemporáneo, pasando por su florecimiento durante el iluminismo. La masonería es una búsqueda constante de conocimiento interior y del despertar de la conciencia y, para ello, toma enseñanzas de manera holística y universal.

El budismo es una religión y una doctrina filosófica y espiritual. Comprende una variedad de tradiciones, creencias religiosas y prácticas espirituales principalmente atribuidas a Buda Gautama. El budismo se originó en la India entre los siglos VI y IV a. C., desde donde se extendió a gran parte del este de Asia.

La masonería es una búsqueda constante de conocimiento interior y del despertar de la conciencia y, para ello, toma enseñanzas de manera holística y universal.
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El núcleo del budismo, las cuatro nobles verdades y el noble camino óctuple, son distinguidas en el mundo por no tener mención alguna de dioses o alguna noción de veneración de deidades. De esta manera, las cuatro nobles verdades son consideradas como el fundamento central de las enseñanzas de Buda. Sin embargo, en el presente trabajo no nos ocuparemos de las tres primeras nobles verdades, sino que nos concentraremos en la última de ellas.

La Cuarta Noble Verdad revelada por el budismo es el Óctuple Noble Sendero, que son los ocho caminos que conducen al despertar. Estos son:

1. Comprensión o pensamiento correcto

2. Aspiración o intención correcta

3. Lenguaje o habla correcto

4. Acción o conducta correcta

5. Medio de vida correcto

6. Esfuerzo correcto

7. Atención correcta

8. Concentración – Meditación correcta

Veamos cómo los ocho caminos que conducen al despertar nos ayudan en la búsqueda de la verdad que nos caracteriza como aprendices que intentamos asomarnos cada vez más a la conciencia.

Empecemos por la comprensión o pensamiento correcto. El pensamiento define la manera como vemos el mundo y a nosotros mismos. En el pensamiento profano encontramos una serie de distorsiones que desdibujan la manera en que percibimos a nuestros semejantes y a la vida en general. Estas distorsiones o malos hábitos de pensamiento son la génesis de los prejuicios, de los miedos, de las aflicciones, de las preocupaciones, del odio, del surgimiento de emociones negativas y de la infelicidad. 

En otras palabras, el pensamiento incorrecto es responsable de buena parte del sufrimiento que se nos presenta a lo largo de nuestro trasegar por la vida. En contraste, el pensamiento masónico debe caracterizarse por la ausencia de tales distorsiones para acercarse de esta manera a la pureza y alejarse de la contaminación que afecta nuestro equilibrio interior. Para ello es necesario, claro está, cuestionar los pensamientos desadaptativos, evitar las fantasías autodestructivas y enfocarnos en una visión positiva, aunque realista, de nuestra existencia interior y exterior. 

¿Para qué nos sirve anticipar catástrofes o prejuzgar al prójimo, entre otros malos hábitos, si no es para generar pasiones y desviarnos del acercamiento a nuestra conciencia? La buena noticia es que no estamos condenados a padecer para siempre un modo de pensar incorrecto; ahondar en nuestra conciencia es una de las diversas maneras en que nuestro pensamiento se torna claro, transparente y equilibrado. La meta en este punto tan importante de nuestra vida masónica es la correcta comprensión de la vida interior y de la vida exterior desde la perspectiva de una conciencia diáfana. Al fin y al cabo, la vida es lo que pensamos de ella.

En relación con la intención o aspiración correcta, basta con recordar que la intención y la aspiración interior del masón es el desarrollo de la conciencia, tan mencionada en lo que va de este escrito, mediante el autoconocimiento. Por otra parte, la intención y la aspiración correcta se expresan mediante el ejercicio del altruismo y de la filantropía que caracterizan nuestra solidaridad y entrega al mundo. La aspiración interior del masón es su autocomprensión, mientras que la aspiración exterior es hacer el bien en todos los sentidos posibles.

El lenguaje y el habla correctos son indispensables en la vida de un buen masón. La visión que tenemos del mundo forja el lenguaje que empleamos. Cada frase, cada palabra, cada inflexión están motivadas por la visión de nuestro universo personal. Sin embargo, también es cierto lo contrario: de acuerdo con el lenguaje que empleemos, de las oraciones que estructuremos y de las palabras que caractericen nuestro uso del lenguaje así se irá forjando nuestra visión de la realidad. Las características físicas y culturales del mundo en que vivimos generan desde la estructura del lenguaje hasta la manera en que lo empleamos. A la inversa, el uso que le damos al idioma forja nuestra realidad. Frases desalentadoras producen visiones fatalistas, mientras que expresiones auto afirmativas nos conducen al autoconocimiento. El desprecio por el mundo y por nosotros empieza a moldearse con los calificativos y sustantivos que conforman nuestra habla habitual. Tal vez por ello no hay nada más hermoso que el silencio.

La acción o conducta correcta es la piedra angular del comportamiento masónico. Sin importar si estamos solos o expuestos a la visión de los demás, la coherencia entre estas circunstancias es indispensable. Sería impensable para un francmasón llevar una doble vida. Desde nuestra iniciación aprendemos que vivimos para servir, para ayudar al desamparado. Además, por definición la conducta del masón es ejemplo para los demás. Nosotros influimos sobre el mundo profano con enseñanzas que son dadas con las acciones antes que con las palabras.  El masón es un ejemplo para seguir.

En relación con el medio de vida correcto, lo cual para nuestros fines es una prolongación del párrafo anterior, basta con recordar que la masonería busca hombres libres y de buenas costumbres, que a su vez pulirán la piedra bruta en búsqueda de mayor perfección, no sólo en beneficio de ellos mismos, sino de la humanidad en general. Por ende, la conducta del masón es intachable. Esto incluye la manera en que gana su sustento, la actitud que asume ante la sociedad, la manera de comportarse, el ejercicio de la moralidad, el respeto que caracteriza sus relaciones interpersonales e incluso sus diversiones y aficiones. La templanza es característica del comportamiento masónico.

El esfuerzo correcto del masón gira en torno a no cejar en el proceso de pulir la piedra bruta. Alcanzar un grado cada vez mayor de perfeccionamiento, como hemos aludido, ahondar en el propio conocimiento, profundizar en la búsqueda de la verdad, son tareas que no permiten un respiro ni un descuido. Sin pretender caer en extremos, quienes nos hemos comprometido con la orden masónica sabemos que el camino puede ser empinado y a veces escabroso, pero para recorrerlo existen la fortaleza, el compromiso, la fe y la confianza.

La atención correcta permite concentrarnos en lo que verdaderamente nos importa para caminar por el sendero que hemos elegido. La atención se dirige al exterior y al interior. Muchas serán las señales que nos indicarán cuál debe ser nuestro comportamiento o qué se espera de nosotros. Sin atención no podremos ni siquiera vislumbrarlas. Además, en la atención se basa el ejercicio de la concentración. Mediante la atención podemos seleccionar los estímulos que más convengan a nuestros intereses y sostenernos firmes en la búsqueda de estos últimos. Por si no bastare, la atención nos permite poseer un pensamiento organizado, concentrado, eficiente, libre de divagaciones inútiles.

Continuando con las ideas que se han venido desarrollando, la concentración o meditación correcta es un ejercicio y un hábito que nos conduce a ser capaces de estar en nuestras mentes en el lugar y en el momento físicos en que nos encontramos. Con frecuencia nos asombramos de lo lejos que estamos, en espacio o en tiempo, del lugar y del momento que estamos viviendo. El pasado nos persigue a la vez que nos angustiamos ante el futuro. Con frecuencia nuestra mente nos traiciona llevándonos a otros sitios, transportándonos en el tiempo o enredándonos en fantasías destructivas. Saber vivir en el aquí y el ahora puede alcanzarse mediante la práctica de la meditación y el cultivo de la concentración. Debe anotarse que el aprendizaje de la meditación está al alcance de cualquier persona. Sólo se requieren voluntad y disciplina. Mediante el uso de la meditación obtenemos paz espiritual, equilibrio mental, conocimiento y regulación de nuestras emociones. Así mismo, la meditación nos lleva a una actitud más compasiva con el mundo y a un mejor entendimiento de nosotros mismos.

En este momento debemos recordar que los ocho caminos que conducen al despertar no son vías independientes, sino que se entrelazan y nutren en un gran conjunto en el que cada elemento depende y aporta a los restantes. En realidad, el óctuple sendero es uno y todos sus elementos son parte de esa unidad.

Existen muchas maneras de buscar la verdad. No todas están al alcance de todos. Sin embargo, quienes hemos tenido la fortuna de ingresar a la orden masónica sabemos que ésta pone a nuestra disposición una serie de herramientas que pueden llevarnos a grados cada vez mayores del conocimiento de nuestra propia conciencia. Esta profundización en nuestra conciencia es la columna vertebral en nuestro proceso de perfeccionamiento y a ella podemos llegar a través de diferentes caminos. Por ejemplo, hemos visto cómo pueden integrarse sin esfuerzo las enseñanzas del budismo con los ideales masónicos. Para nadie es un secreto que las enseñanzas masónicas, como se mencionó al principio del texto, provienen de fuentes múltiples y diversas. La masonería nunca será excluyente, especialmente si de la búsqueda de la luz se trata.

H.·. Alex Jacobo González Grau, 30. º
Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia Cartagena
Especial para Escuela Masónica Carlos Aranza Castro